2) los espirales de energía
Antes de proseguir esta reseña histórica, retrasemos algunos momentos sobre la aura, fenómeno puramente físico, ciertamente, pero que puede contribuir a comprender mejor algunos aspectos de la parapsicología. Además su existencia no se pone mas en duda y, sobre este punto, la ciencia tiende a confirmar las declaraciones de los medios. El hecho es demasiado raro para que no se lo destaca. La idea de una clase de campo energético rodeando el cuerpo y visible en algunas circunstancias, es realmente muy antigua. En el arte antiguo de China y de la India, mucho antes la era cristiana, ya se encuentran numerosas representaciones de santos hombres rodeados de una clase de halo luminoso, forma primera, en resumen, de lo que iba a convertirse en la aureola del bienaventurados en la iconografía occidental. Ciertamente, durante mucho tiempo, no vimos que un símbolo místico, por lo tanto, casi por definición, algo de inmaterial. Pero cualquiera que fue la naturaleza que se le prestó, es probable que el fenómeno ya se había observado en seres bien vivos. Y, más recientemente, a parte del siglo XIX, los mediumes de acceso, luego los científicos que estuvieron de acuerdo a interesarse por el problema, destacaron el carácter físico de esta curiosa radiación.
¿ Pero qué se sabe exactamente a este respecto ? En realidad, la cuestión incluye tres aspectos :
- ¿ Qué pruebas tenemos de la realidad de la aura ?
- ¿ A qué tipo de radiación física está vinculado ?
- ¿ Porqué algunas personas pueden verla, mientras que otros siguen siendo insensibles?
Intentemos hacer el punto. Los mediumes proporcionaron una preciosa indicación a los biólogos y a los físicos afirmando, casi por unanimidad, que cada vez que ellos se encontraban a la cabecera de un moribundo, habían visto en los minutos que habían seguido el acta de muerte, escaparse del cuerpo inerte un remolino de "espirales de énergia", para reanudar la expresión empleada por la famosa vidente americano Eileem Garrett. Los científicos fueron afectados por el hecho de que todos los mediumes conocidos para su seriedad y su menosprecio del sensacional barato se abstenían, con respecto a este extraño remolino, de hablar de "espectro", de "fantasma" o de "espritu" y se tenían rigurosamente al término "energia", algunos de ellos añadiendo simplemente que habían tenido la impresión de ver el resto mortal descargando su último potencial de "flujo vital". Las investigaciones se orientaron pues hacia la detección de una radiación invisible para un ojo humano "normal", pero quizá registrable por otros medios. Sería demasiado largo, aquí cepillar los antecedentes de estos trabajos. Limitense a mencionar sus resultados más probatorios.
Se adquiere una primera certeza : el cuerpo humano emite realmente una radiación en longitudes de ondas situadas fuera de la gama al cual el ojo es sensible (abanico extendiendose aproximadamente de 380 a 760 milimicrones). La prueba fue hecha por la técnica de los retratos dichos "thermographicos" quiénes permiten fijar, en placas especiales y en forma de manchas coloreadas, las variaciones del calor en distintos puntos del cuerpo. Así pues, en tales retratos, las partes más frías como las unas, parecen en azul oscuros, mientras que las mejillas y el cuello siempre bastante calientes, producen colores que van de la naranja al rojo. Añadamos que esta técnica encuentra su aplicación en medicina, en particular, en la detección del cáncer, los tumores malignos formando en los tejidos, zonas calientes cuya termografía recoge la radiación anormalmente intensa.
Sería allí, al mismo tiempo que la prueba de su realidad, una de las explicaciones de la aurá. Sin embargo, la termografía no da cuenta de la integridad del fenómeno. En efecto, el doctor Walter Kilner, el biólogo Oscar Bagnall y otros científicos que afirman haber podido observar este halo a la ayuda da pantallas diversamente coloreadas, los describen como una franja luminiscente de una decena de centímetros de grosor, especialmente brillante cerca de la piel y de dónde se escapa, aqui y alli, a intervalos regulares un rayo más vivo, similar, dice a Bagnall, a un "golpe de proyector". Además la aurá se distribuiría bastante regularmente en torno al cuerpo, cubriendo éste de una clase de cascarilla ovoide. Trabajos realizados entre tiempos en URSS debían revelar un aspecto aún más extraordinario del fenómeno...
3) Cuerpos que se arden
Todo provino de una observación hecha, poco antes de 1940, por un técnico ruso especializado en los instrumentos de electroterapia, Sémyon Kirlian. Sin entrar en detalle, diremos que descubrió fortuitamente un brote luminoso producido por electrodos al contacto del cuerpo humano (pero no de objetos inertes) y pudo, por la única acción de esta chispa de alta frecuencia, sin aparato, simplemente interponiendo una placa sensible, tomar un tópico de su propia mano que apareció, después del desarrollo de la fotografía bajo un aspecto casi "ardiendo". Kirlian se apasionó para este fenómeno y construyó un aparato especial que produce campos eléctricos a muy alta frecuencia y acompañado de una visionadora que permite una observación directa y continua, por lo tanto no estático. Debio esperar los años 60 para ver los medios oficiales interesarse por sus trabajos, pero más tarde, obtuvo todas las facilidades y suscitó la más viva curiosidad por parte de los científicos tanto rusos que extranjeros… Había demostrado que la materia viva se recorría de corrientes eléctricas cuya radiación se prolongaba hacia el exterior, y al mismo tiempo la aura se volvía una realidad biofísica.
Un académico soviético que observó, en la visionadora de Kirlian, su propio dedo en el campo de alta frecuencia, debía dar la siguiente descripción : "Laberintos luminosos enteros, destellando, centellando, ardiéndose. Algunas de las chispas eran inmóviles, otras erraban sobre unos orígenes oscuros. Sobre estas galaxias fantásticas de luces espectrales, había brillanteces resplandores multicolores y gruesas nubes… ".
Las investigaciones sobre este que se llama en adelante "el efecto Kirlian" debían revelar bien otros fenómenos curiosos. La aura no es el atributo del hombre. Todo lo que vive, incluidos los vegetales, produce su luz interna, lo que permitió efectuar experiencias extremadamente interesantes. Siempre con los mismos aparatos, se ha podido constatar, por ejemplo, que dividiendo una hoja de árbol, la aurá correspondida a la parte cortada subsistía, como "una fantasma", durante un determinado tiempo después de la ablación, la imagen luminosa permaniendo pues aquélla de una hoja entera. Por consiguiente de' observaciones tan inquietantes, algunos biofísicos rusos emitieron una hipótesis que no está menos. Todo ser vivo, dicen, tendría en él una clase de "doble" energética de misma configuración que el organismo celular, pero independiente de este último. Y esto doble se haría de partículas ionizadas comparables al plasma gaseosa producida por las reacciones termonucleares - ¡ esta misma plasma que se encuentra en la corona solar ! … No son allí, para el momento, que puras especulaciones que tienen sin embargo el mérito de dar a reflexionar sobre la complejidad de estas realidades que se tiende a bautizar un poco demasiado de prisa y demasiado esquemáticamente de "espiritu" o "materia" ("viva" o "inerte"), como si se actuaba de entidades perfectamente distintas y definibles. Quizá los progresos de la biofísica permitirán, un día, encontrar la clave del psiquismo en fenómenos de ionización que se producirían sobre un plan y según mecanismos cuales se ignora aún todo. Y si tal fuera el caso, muchos enigmas de la parapsicología no serían aclados, a comenzar por la telepatía ? Pero no anticipemos y volvemos de nuevo a las certezas de la ciencia actual, en particular a la aurá, cual origen sigue siendo misterioso, pero cual existencia no deja de lugar a duda más. Y preguntamonos, ahora, sobre el tercer aspecto de la cuestión inicialmente planteada.
mercredi 28 mars 2012
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